Placa de anclaje de un pilar metálico con manchas de óxido alrededor de los pernos

Óxido junto al mar: lo que encontramos bajo un edificio de primera línea

octubre 2026

En la costa, el óxido no hace ruido. Trabaja despacio, a oscuras y casi siempre donde nadie mira: en un sótano, en una cámara sanitaria, detrás del revestimiento de un pilar o bajo el borde de una terraza. Cuando por fin se ve desde fuera, suele llevar años avanzando.

En este artículo contamos un caso real que conocemos de primera mano: un edificio residencial de finales de los años setenta, a pocos metros del mar en la costa de Alicante, con más de un centenar de pilares metálicos apoyados en placas de anclaje dentro de una cámara sanitaria. Por respeto a la comunidad no damos su nombre. Lo que sí contamos es lo que se encontró, por qué las reparaciones anteriores no aguantaron y cómo se hace una visita técnica que de verdad sirva para decidir.

Por qué el mar se come el acero

El acero se oxida con agua y oxígeno. Junto al mar se añade un tercer ingrediente que lo acelera todo: los cloruros de la sal. El viento los lleva tierra adentro en forma de aerosol y se depositan en cualquier superficie. Allí atraen la humedad, rompen las capas que protegen el metal y hacen que la corrosión avance por picaduras, en profundidad, en lugar de forma más o menos uniforme.

La norma que clasifica la agresividad del ambiente (UNE-EN ISO 9223) lo pone en números. Un acero desnudo en un ambiente costero de categoría C4 pierde de 50 a 80 micras de espesor el primer año. En C5, de 80 a 200. En un pueblo seco del interior, apenas unas pocas.

C2 · baja (interior, campo seco)1,3–25C3 · media (ciudad, costa suave)25–50C4 · alta (costa, industria)50–80C5 · muy alta (primera línea)80–200050100150200micras de acero perdidas el primer año (µm)
Cuánto espesor pierde un acero al carbono sin proteger en su primer año, según el ambiente. Fuente: norma UNE-EN ISO 9223:2012 (categorías de corrosividad atmosférica). Un edificio en primera línea puede estar en C4 o C5; dentro de una cámara húmeda y mal ventilada, las condiciones locales pueden ser todavía peores.

En las estructuras de hormigón pasa algo parecido, aunque más escondido. El hormigón protege las armaduras mientras se mantiene alcalino y no le llegan cloruros. Por eso el Código Estructural trata como ambiente marino (clase XS1) a las estructuras aéreas situadas, en general, a menos de 5 km de la costa, y les exige más recubrimiento y hormigones más compactos. Un edificio de los años setenta no se proyectó con esas exigencias.

Y hay un detalle que explica por qué el óxido acaba rompiendo cosas: ocupa mucho más que el acero del que sale.

Acero1agua + oxígeno+ cloruros× 2× 6Óxido: entre 2 y 6 veces más volumenempuja,fisuray se abreen lajas
Por qué el óxido rompe lo que lo rodea: los productos de corrosión ocupan bastante más volumen que el acero del que salen. Dentro del hormigón, ese empuje fisura y hace saltar el recubrimiento; en una placa de acero, la abre en capas.

El caso: una cámara sanitaria a pie de playa

El edificio tiene forma de U, tres portales y entre doce y dieciséis plantas. Bajo la planta baja hay un forjado sanitario: una cámara de unos 80 cm de altura (en algunos puntos, 65) que separa el edificio del terreno. Ahí abajo están las placas de anclaje de los pilares metálicos, las vigas y las viguetas, y también las bajantes y tuberías del edificio.

Es un sitio perfecto para la corrosión: aire salino, poca ventilación, condensaciones, oscuridad total y, como se comprobó después, agua de fugas cayendo durante años. También es un sitio donde nadie entra si no es para trabajar, así que el deterioro avanzó sin que se viera.

2016Primer informe de patologías del forjado sanitario2017Primeras reparaciones de placas y viguetas2018En la revisión, vuelve a aparecer óxido2019Pruebas de distintos sistemas en placas concretas2024Inspección placa a placa: más puntos de corrosión que en 20192024Diagnóstico: fugas de bajantes y condensación en la cámaraDespuésObra en orden: primero el agua, luego el acero
Ocho años de reparaciones en el mismo edificio. Mientras el agua siguió entrando, cada capa de pintura nueva compró unos pocos años y poco más.

La historia es habitual: se repara lo que se ve, se pinta, al cabo de un tiempo vuelve a salir óxido, se prueba otro producto… y así durante años. En la inspección de 2024 se compararon las mismas placas con las fotos de 2019, y en las de 2024 había claramente más puntos de corrosión. Las reparaciones no estaban mal ejecutadas; el problema era que nadie había cortado la causa.

Cómo es una visita técnica que sirve para algo

Una visita técnica no es dar una vuelta y decir «esto tiene mala pinta». Para poder decidir, y para poder comparar dentro de cinco años, hay que dejar un registro. En este caso se hicieron tres visitas, una por zona, y en cada una:

  1. Se iluminó la cámara. Con una linterna se ve una placa; para trabajar hace falta luz de verdad. En la obra posterior se previó iluminación provisional de al menos 300 lux en toda la cámara.
  2. Se numeró cada pilar y se fotografió cada placa por separado, con el número a la vista. Así cada foto se puede encontrar en el plano y comparar con la siguiente inspección.
  3. Se limpió el polvo de las placas antes de valorarlas. Una capa de tierra esconde perfectamente una picadura.
  4. Se clasificó cada placa por grados, de 1 a 4, con criterios escritos (ahora los vemos).
  5. Se pasó todo a un plano con colores: verde, amarillo, naranja y rojo. Y en el mismo plano se marcaron las zonas con humedad y las fugas de las bajantes.
Pilar metálico numerado con rotulador en una cámara sanitaria, con tuberías al fondo
Cada pilar, numerado y fotografiado. Parece un detalle menor, pero es lo que permite comparar el estado de cada placa año a año. Foto: Unité Arquitectura.

El resultado fue un plano en el que se veía, de un vistazo, que las placas peor conservadas no estaban repartidas al azar: coincidían con las zonas húmedas por fugas de fontanería y saneamiento, con las zonas más expuestas al ambiente marino y con los rincones con poca ventilación y condensación.

Leer el óxido: cuatro grados

No todo el óxido es igual de grave, y no todo exige la misma reparación. La escala que se usó es sencilla y sirve para casi cualquier elemento metálico:

GradoQué se veQué hacer
1 · Muy leveAlgún borde con ligera corrosión, picaduras muy puntuales. La placa está bien.Seguimiento. No requiere actuar a corto plazo.
2 · LevePicaduras puntuales, óxido en bordes, tuercas o pernos, sin generalizar. Pintura despegada en algún punto.Reparar la protección antes de que avance. Si se deja, pasa al grado 3.
3 · Moderada o severaPicaduras generalizadas, corrosión en bordes y anclajes, pintura bufada con óxido debajo en varias zonas.Limpieza a fondo hasta metal y sistema de protección completo.
4 · Muy gravePérdida de sección en placa, rigidizadores, pernos o perfiles. Pérdida de función estructural.Urgente: apuntalar, sustituir el material perdido y proteger.
Placa de anclaje de pilar metálico pintada de verde en buen estado
Grado 1: placa reparada y en buen estado. Es la referencia de cómo debería estar todo. Foto: Unité Arquitectura.
Placa de anclaje con óxido en pernos y bordes saliendo bajo la pintura
Grados 2 y 3: el óxido sale por los pernos y por los bordes, justo donde la pintura tiene menos espesor. Foto: Unité Arquitectura.
Base de pilar metálico con la placa abierta en capas de óxido
Grado 4: la placa se ha abierto en láminas. El acero se ha convertido en capas de óxido, y lo que queda ya no tiene el espesor original. Foto: Unité Arquitectura.
Perno de anclaje completamente corroído entre restos de hormigón
Grado 4: un perno de anclaje prácticamente consumido. Es lo que une el pilar a la cimentación. Foto: Unité Arquitectura.

Los grados 1 a 3 son un problema de mantenimiento. El 4 ya es un problema estructural: hay vigas en las que la sección se estaba perdiendo en lajas y un apoyo de pilar en el que los perfiles que reparten la carga habían perdido material.

Ala de una viga metálica con óxido laminar bajo una fábrica de ladrillo
Óxido laminar en el ala de una viga, atrapado bajo la fábrica de ladrillo. Donde el acero queda en contacto con material húmedo y no se puede pintar, la corrosión sigue sola. Foto: Unité Arquitectura.

La lección: si no quitas el agua, repintas cada pocos años

Es la conclusión más importante del caso, y vale para casi cualquier edificio: la pintura protege del ambiente, pero no del agua que cae encima. Una bajante que gotea sobre una placa durante años la va a corroer, por bueno que sea el producto.

Machón de ladrillo con eflorescencias blancas de sales y suelo húmedo con restos de óxido
Sales y humedad en la base de un machón, en una de las zonas afectadas por fugas. El agua lleva sales y las deposita al evaporarse. Foto: Unité Arquitectura.

También se compararon dos formas de preparar el acero en las reparaciones de 2019, con el mismo sistema de pintura: lijado mecánico y chorreado de arena. Las dos volvieron a mostrar óxido, pero las placas chorreadas aguantaban mejor. Tiene sentido: la pintura se agarra a un acero limpio y con rugosidad, no al óxido que queda en los poros.

Reparar sin diagnosticar es pagar dos veces. En este edificio, el orden correcto era primero el agua y después el acero, y durante años se hizo al revés.

Cómo se repara bien

Con el diagnóstico hecho, el proyecto de reparación fue bastante claro. En resumen:

Primero, cortar el agua

Se localizaron y repararon todas las fugas de bajantes y tuberías marcadas en el plano, sustituyendo los tramos dañados. Sin esto, todo lo demás es provisional.

Después, medir

Antes de decidir nada, se mide el espesor que queda en cada elemento: placa, rigidizadores, pernos, tuercas y perfiles. El criterio fue sencillo: si se ha perdido más de un 20 % de la sección, el elemento se sustituye; si no, se limpia y se protege.

Grados 1 a 3: limpiar hasta metal y proteger

Grado 4: apuntalar, sustituir y proteger

Y no olvidarse

La reparación no termina con la obra. En un ambiente así hay que volver a mirar cada pocos años con el mismo plano y la misma numeración, y retocar a tiempo lo que empiece a fallar. Es mucho más barato repintar un borde que cambiar un rigidizador.

Señales de alarma en tu edificio

No hace falta bajar a una cámara sanitaria para sospechar. Si vives cerca del mar, estas son las señales que justifican una visita técnica:

Ninguna de estas señales significa por sí sola que el edificio esté en peligro. Significa que hay que mirar con criterio, medir y decidir.

Qué te llevas de una visita técnica

Una buena visita técnica no termina en un «hay que arreglarlo». Termina con documentos que sirven para decidir en la junta, pedir presupuestos comparables y, si hace falta, pedir ayudas:

Además, en la Comunitat Valenciana los edificios de vivienda con más de 50 años deben tener el Informe de Evaluación del Edificio (IEEV.CV), que incluye el estado de conservación de la estructura. Un edificio de finales de los setenta está a punto de llegar a esa edad. Si quieres saber más, lo contamos en qué es el IEE y por qué le conviene a tu comunidad.

Si en tu edificio ves alguna de estas señales, o simplemente quieres saber cómo está antes de que lo diga el óxido, puedes ver cómo trabajamos en inspección técnica de edificios o escribirnos. Vamos, miramos con calma y te contamos lo que hay, sin dramatizar y sin quitarle importancia.

Para saber más

Foto de portada: placa de anclaje de un pilar en la cámara sanitaria del caso. La pintura verde es de una reparación anterior; el halo naranja alrededor de los pernos es corrosión que ha vuelto a salir por debajo. Foto: Unité Arquitectura.