Óxido junto al mar: lo que encontramos bajo un edificio de primera línea
En la costa, el óxido no hace ruido. Trabaja despacio, a oscuras y casi siempre donde nadie mira: en un sótano, en una cámara sanitaria, detrás del revestimiento de un pilar o bajo el borde de una terraza. Cuando por fin se ve desde fuera, suele llevar años avanzando.
En este artículo contamos un caso real que conocemos de primera mano: un edificio residencial de finales de los años setenta, a pocos metros del mar en la costa de Alicante, con más de un centenar de pilares metálicos apoyados en placas de anclaje dentro de una cámara sanitaria. Por respeto a la comunidad no damos su nombre. Lo que sí contamos es lo que se encontró, por qué las reparaciones anteriores no aguantaron y cómo se hace una visita técnica que de verdad sirva para decidir.
Por qué el mar se come el acero
El acero se oxida con agua y oxígeno. Junto al mar se añade un tercer ingrediente que lo acelera todo: los cloruros de la sal. El viento los lleva tierra adentro en forma de aerosol y se depositan en cualquier superficie. Allí atraen la humedad, rompen las capas que protegen el metal y hacen que la corrosión avance por picaduras, en profundidad, en lugar de forma más o menos uniforme.
La norma que clasifica la agresividad del ambiente (UNE-EN ISO 9223) lo pone en números. Un acero desnudo en un ambiente costero de categoría C4 pierde de 50 a 80 micras de espesor el primer año. En C5, de 80 a 200. En un pueblo seco del interior, apenas unas pocas.
En las estructuras de hormigón pasa algo parecido, aunque más escondido. El hormigón protege las armaduras mientras se mantiene alcalino y no le llegan cloruros. Por eso el Código Estructural trata como ambiente marino (clase XS1) a las estructuras aéreas situadas, en general, a menos de 5 km de la costa, y les exige más recubrimiento y hormigones más compactos. Un edificio de los años setenta no se proyectó con esas exigencias.
Y hay un detalle que explica por qué el óxido acaba rompiendo cosas: ocupa mucho más que el acero del que sale.
El caso: una cámara sanitaria a pie de playa
El edificio tiene forma de U, tres portales y entre doce y dieciséis plantas. Bajo la planta baja hay un forjado sanitario: una cámara de unos 80 cm de altura (en algunos puntos, 65) que separa el edificio del terreno. Ahí abajo están las placas de anclaje de los pilares metálicos, las vigas y las viguetas, y también las bajantes y tuberías del edificio.
Es un sitio perfecto para la corrosión: aire salino, poca ventilación, condensaciones, oscuridad total y, como se comprobó después, agua de fugas cayendo durante años. También es un sitio donde nadie entra si no es para trabajar, así que el deterioro avanzó sin que se viera.
La historia es habitual: se repara lo que se ve, se pinta, al cabo de un tiempo vuelve a salir óxido, se prueba otro producto… y así durante años. En la inspección de 2024 se compararon las mismas placas con las fotos de 2019, y en las de 2024 había claramente más puntos de corrosión. Las reparaciones no estaban mal ejecutadas; el problema era que nadie había cortado la causa.
Cómo es una visita técnica que sirve para algo
Una visita técnica no es dar una vuelta y decir «esto tiene mala pinta». Para poder decidir, y para poder comparar dentro de cinco años, hay que dejar un registro. En este caso se hicieron tres visitas, una por zona, y en cada una:
- Se iluminó la cámara. Con una linterna se ve una placa; para trabajar hace falta luz de verdad. En la obra posterior se previó iluminación provisional de al menos 300 lux en toda la cámara.
- Se numeró cada pilar y se fotografió cada placa por separado, con el número a la vista. Así cada foto se puede encontrar en el plano y comparar con la siguiente inspección.
- Se limpió el polvo de las placas antes de valorarlas. Una capa de tierra esconde perfectamente una picadura.
- Se clasificó cada placa por grados, de 1 a 4, con criterios escritos (ahora los vemos).
- Se pasó todo a un plano con colores: verde, amarillo, naranja y rojo. Y en el mismo plano se marcaron las zonas con humedad y las fugas de las bajantes.

El resultado fue un plano en el que se veía, de un vistazo, que las placas peor conservadas no estaban repartidas al azar: coincidían con las zonas húmedas por fugas de fontanería y saneamiento, con las zonas más expuestas al ambiente marino y con los rincones con poca ventilación y condensación.
Leer el óxido: cuatro grados
No todo el óxido es igual de grave, y no todo exige la misma reparación. La escala que se usó es sencilla y sirve para casi cualquier elemento metálico:
| Grado | Qué se ve | Qué hacer |
|---|---|---|
| 1 · Muy leve | Algún borde con ligera corrosión, picaduras muy puntuales. La placa está bien. | Seguimiento. No requiere actuar a corto plazo. |
| 2 · Leve | Picaduras puntuales, óxido en bordes, tuercas o pernos, sin generalizar. Pintura despegada en algún punto. | Reparar la protección antes de que avance. Si se deja, pasa al grado 3. |
| 3 · Moderada o severa | Picaduras generalizadas, corrosión en bordes y anclajes, pintura bufada con óxido debajo en varias zonas. | Limpieza a fondo hasta metal y sistema de protección completo. |
| 4 · Muy grave | Pérdida de sección en placa, rigidizadores, pernos o perfiles. Pérdida de función estructural. | Urgente: apuntalar, sustituir el material perdido y proteger. |




Los grados 1 a 3 son un problema de mantenimiento. El 4 ya es un problema estructural: hay vigas en las que la sección se estaba perdiendo en lajas y un apoyo de pilar en el que los perfiles que reparten la carga habían perdido material.

La lección: si no quitas el agua, repintas cada pocos años
Es la conclusión más importante del caso, y vale para casi cualquier edificio: la pintura protege del ambiente, pero no del agua que cae encima. Una bajante que gotea sobre una placa durante años la va a corroer, por bueno que sea el producto.

También se compararon dos formas de preparar el acero en las reparaciones de 2019, con el mismo sistema de pintura: lijado mecánico y chorreado de arena. Las dos volvieron a mostrar óxido, pero las placas chorreadas aguantaban mejor. Tiene sentido: la pintura se agarra a un acero limpio y con rugosidad, no al óxido que queda en los poros.
Reparar sin diagnosticar es pagar dos veces. En este edificio, el orden correcto era primero el agua y después el acero, y durante años se hizo al revés.
Cómo se repara bien
Con el diagnóstico hecho, el proyecto de reparación fue bastante claro. En resumen:
Primero, cortar el agua
Se localizaron y repararon todas las fugas de bajantes y tuberías marcadas en el plano, sustituyendo los tramos dañados. Sin esto, todo lo demás es provisional.
Después, medir
Antes de decidir nada, se mide el espesor que queda en cada elemento: placa, rigidizadores, pernos, tuercas y perfiles. El criterio fue sencillo: si se ha perdido más de un 20 % de la sección, el elemento se sustituye; si no, se limpia y se protege.
Grados 1 a 3: limpiar hasta metal y proteger
- Preparación de la superficie según UNE-EN ISO 8501-1: chorreado de arena hasta grado Sa 2½ (mejor Sa 3, metal blanco), o cepillado mecánico hasta St 3 donde no se pueda chorrear. Sin polvo, sin grasa y seco.
- Sistema de pintura de tres capas para ambiente C4 (UNE-EN ISO 12944): una imprimación rica en zinc, una capa intermedia epoxi de alto espesor y un acabado, unas 240 micras en total. Proyectado para una durabilidad alta, que en esa norma significa entre 15 y 25 años.
- Bordes y esquinas: son los puntos donde la pintura queda más fina y por donde vuelve a entrar el óxido. Se picaba el hormigón unos 2 cm alrededor de la placa, se lijaba hasta metal, se redondeaba la arista, se pintaba y se volvía a cerrar con mortero de reparación R4.
Grado 4: apuntalar, sustituir y proteger
- Apuntalar la zona de alrededor y cargar los puntales poco a poco, sin movimientos bruscos.
- Cortar el material que ha perdido sección y colocar elementos nuevos de las mismas características.
- Comprobar las soldaduras: si el óxido se ha comido parte del cordón, hay que recargarla hasta un espesor de garganta suficiente (en general, no menos de 3 mm).
- Sustituir las tuercas de los pernos que han perdido sección o, si no es posible, envolverlas con un casquillo de acero soldado por personal cualificado.
- Y, al final, el mismo sistema de protección que en los grados anteriores.
Y no olvidarse
La reparación no termina con la obra. En un ambiente así hay que volver a mirar cada pocos años con el mismo plano y la misma numeración, y retocar a tiempo lo que empiece a fallar. Es mucho más barato repintar un borde que cambiar un rigidizador.
Señales de alarma en tu edificio
No hace falta bajar a una cámara sanitaria para sospechar. Si vives cerca del mar, estas son las señales que justifican una visita técnica:
- Manchas de óxido que «lloran» desde un pilar, una viga, el borde de un balcón o el canto de un forjado.
- Fisuras rectas en el hormigón que siguen la dirección de una armadura, o trozos de hormigón que se desprenden y dejan la barra a la vista.
- Revestimientos de pilares (aplacados, enfoscados) que se abomban o se agrietan en vertical.
- Pintura de elementos metálicos que se levanta en escamas con óxido debajo.
- Humedades, charcos o salitre en sótanos, garajes y cámaras; bajantes que gotean.
- Barandillas, anclajes o pernos con la base hinchada de óxido.
Ninguna de estas señales significa por sí sola que el edificio esté en peligro. Significa que hay que mirar con criterio, medir y decidir.
Qué te llevas de una visita técnica
Una buena visita técnica no termina en un «hay que arreglarlo». Termina con documentos que sirven para decidir en la junta, pedir presupuestos comparables y, si hace falta, pedir ayudas:
- Un informe con fotos de cada lesión, localizada y numerada.
- Un plano de lesiones con la gravedad de cada punto y las zonas de humedad.
- Un diagnóstico de la causa, no solo del síntoma.
- Una lista de prioridades: qué es urgente, qué puede esperar y qué hay que vigilar.
- Un presupuesto orientativo por partidas y, si la obra lo requiere, el proyecto de reparación.
Además, en la Comunitat Valenciana los edificios de vivienda con más de 50 años deben tener el Informe de Evaluación del Edificio (IEEV.CV), que incluye el estado de conservación de la estructura. Un edificio de finales de los setenta está a punto de llegar a esa edad. Si quieres saber más, lo contamos en qué es el IEE y por qué le conviene a tu comunidad.
Si en tu edificio ves alguna de estas señales, o simplemente quieres saber cómo está antes de que lo diga el óxido, puedes ver cómo trabajamos en inspección técnica de edificios o escribirnos. Vamos, miramos con calma y te contamos lo que hay, sin dramatizar y sin quitarle importancia.
Para saber más
- UNE-EN ISO 9223:2012. Corrosión de metales y aleaciones. Corrosividad de atmósferas: clasificación, determinación y estimación.
- UNE-EN ISO 12944 (partes 1 a 9). Pinturas y barnices. Protección de estructuras de acero frente a la corrosión mediante sistemas de pintura protectores.
- UNE-EN ISO 8501-1. Preparación de sustratos de acero: grados de óxido y de preparación (Sa, St).
- UNE-EN 1504. Productos y sistemas para la protección y reparación de estructuras de hormigón.
- Real Decreto 470/2021, Código Estructural (clases de exposición, artículo 27).
- Decreto 53/2018, del Consell, del Informe de Evaluación del Edificio de uso residencial de vivienda (IEEV.CV).
Foto de portada: placa de anclaje de un pilar en la cámara sanitaria del caso. La pintura verde es de una reparación anterior; el halo naranja alrededor de los pernos es corrosión que ha vuelto a salir por debajo. Foto: Unité Arquitectura.